Revolución Anti-Santannista de Ayutla; Preludio de la Dictadura Liberal.

Don Antonio López de Santa Anna no fue traidor, no reconoció la Independencia de Texas ni firmó el Tratado Guadalupe-Hidalgo. Al volver a la presidencia instauró una dictadura, pero.. ¿Contra quién era esa dictadura? R.- Contra los que si vendieron la mitad del territorio a Estados Unidos y planeaban imponer por medio de un gobierno dictatorial pro-yankee las Infames Leyes de Reforma, nos referimos a los siempre buenos liberales;

El Plan de Ayutla.

Fuente: Wikipedia.com

El 1 de marzo de 1854 fue pronunciado el Plan de Ayutla, en esa misma población del Estado de Guerrero. Lo promovían Florencio Villarreal (cubano), Juan N. Álvarez (chilango) e Ignacio Comonfort (PIPOPE). El documento planteaba la necesidad de formar un frente nacional para derrotar al gobierno dictatorial de Santa Anna. Álvarez y Comonfort se pusieron al frente de una tropa de campesinos. Al plan se unieron Benito Juárez, Melchor Ocampo y otros liberales desterrados por Santa Anna, que radicaban en Estados Unidos. Aunque no participaron directamente en la lucha armada (cobardes), estos personajes habrían de decidir el rumbo político de la revolución.

La Burguesía Agraviada.

Efectivamente, la vocación conservadora del gobierno de Santa Anna había favorecido a ciertos grupos de la aristocracia del Siglo XIX. Otros problemas (“problemas” entre comillas) sobre la tenencia de la tierra era la existencia de corporaciones civiles (como las comunidades indígenas) que impedían la especulación con las bienes raíces, y por lo tanto, el proceso de acumulación capitalista. En aquella época, como queda dicho, había un pequeño grupo de nuevos burgueses ilustrados que no veían con buenos ojos esta concentración de tierras en manos muertas (el nuevo poder liberal querían quitarle la tierra a los indígenas, este acto se concretó más adelante, provocando el problema agrario futuro)

Santa Anna había desterrado a varios liberales conspicuos, entre ellos a Melchor Ocampo (ex-gobernador de Michoacán), Benito Juárez (ex-gobernador de Oaxaca), Ponciano Arriaga y muchos más, que se refugiaron en Estados Unidos (país que les daba soporte). La experiencia del destierro llevó necesariamente a comparar el poderío económico de los vecinos del norte con la caótica situación de la República. Se dieron cuenta que la única manera de llevar a Méjico por el camino del progreso (vaya “progreso”), era derrocando a Santa Anna e instalar un gobierno afín a la ideología liberal.

La Presidencia de Comonfort.

Con el triunfo de la revolución de Ayutla, llegó al poder una nueva generación de liberales (traidores), casi todos civiles. Entre ellos, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto. Una junta nombró presidente interino al general Juan N. Álvarez y después a Ignacio Comonfort. También convocó a un Congreso que trabajaría en una nueva constitución.

El equipo de Comonfort preparó algunas leyes que promovieron cambios importantes. La Ley Juárez (por Benito Juárez), de 1855, quedan suprimidos los tribunales especiales (La Ley Juárez es considerada como la primera promulgada de las Infames Leyes de Reforma). La Ley Lerdo (por Miguel Lerdo de Tejada), de 1856, obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender las casas y terrenos que no estuvieran ocupando a quienes los arrendaban, para que esos bienes produjeran mayores riquezas. La Ley Iglesias (por José María Iglesias), de 1857, regulaba el cobro de derechos parroquiales.

Don Félix María Zuloaga.

Félix María Zuloaga Trillo fue un militar y político sonorense (norteño) que encabezó el Plan de Tacubaya, que desconocía la Constitución de 1857 y por medio del cual fue nombrado presidente interino de Méjico, en oposición al presidente Benito Juárez. Su nombramiento se dio al comienzo de la Guerra de Reforma, período en el cual la república tuvo dos presidentes.

Félix María Zuloaga nació el 31 de marzo de 1813 en Álamos, Sonora. Hijo de Manuel José de Zuloaga y de Mariana Trillo. Su educación primaria la realizó en Chihuahua. Entró a un seminario en la Ciudad de México, el cual abandonó tiempo después. En 1834 regresó a Chihuahua y se enlistó en las milicias cívicas de Chihuahua. Participó en campañas contra los apaches y comanches en las conocidas guerras comanches.

En 1838 regresó a la Ciudad de México e ingresó al ejército regular como teniente segundo. Participó en la guerra de los Pasteles contra Francia el mismo año y en campañas contra la Revolución de Texas. También ese mismo año fue nombrado presidente del Consejo de Guerra de la guarnición de la Ciudad de México. Participó en el derrocamiento del presidente Anastasio Bustamante. Al año siguiente se alió con Antonio López de Santa Anna donde peleó contra los liberales en Yucatán y dirigió las fortificaciones de Monterrey. Durante la Guerra entre Estados Unidos y Méjico fungió como alcalde de la ciudad de Chihuahua.

En 1854 peleó contra los liberales que apoyaron el Plan de Ayutla, y fue hecho prisionero. Tiempo después fue liberado y en 1855 fue representante del Estado de Chihuahua en la Junta de Representantes de los Estados en Cuernavaca.

Félix María Zuloaga peleó contra los conservadores en dos campañas en Puebla, pero tiempo después simpatizó con el Partido Conservador. Finalmente, el 17 de diciembre de 1857, el general Zuloaga encabezo el pronunciamiento del Plan de Tacubaya el cual demandaba la derogación de la Constitución de 1857, la permanencia de Ignacio Comonfort en la presidencia y la convocatoria de un Congreso extraordinario, el cual se encargaría de elaborar una nueva constitución. Dos días después de su publicación, Comonfort se adhirió al Plan de Tacubaya dando así un golpe de Estado contra su propio gobierno. Benito Juárez (Presidente de la Suprema Corte de Justicia en ese momento) se negó a colaborar con los conservadores. Por esta razón, Comonfort ordenó que lo detuvieran y lo mantuvieran en prisión.

El 11 de enero de 1858, el general Zuloaga exigió la renuncia del presidente Comonfort. Comonfort permaneció en el cargo diez días, y durante ese tiempo liberó a Juárez y a otros liberales que habían sido encarcelados. Tras el derrocamiento de Comonfort, Juárez asumió la presidencia de acuerdo con la Constitución de 1857, pero Zuloaga tenía mando militar de la capital, por lo que Juárez estableció su gobierno en Guanajuato. Este fue el comienzo de la Guerra de Reforma. Comonfort abandonó el país, repudiado tanto por liberales como por conservadores.

Zuloaga fue seleccionado por los partidarios del movimiento anti-constitucional, generales conservadores y el clero católico, para servir como presidente interino de Méjico el 21 de enero de 1858. Asumió el cargo el 23 de enero del mismo año. El 24 de diciembre del 1858 fue depuesto mediante el Plan de Navidad proclamado por el general Manuel Robles Pezuela (substituto del general Miguel Miramón, quien se encontraba en campaña). Robles Pezuela mantuvo la presidencia conservadora hasta el 21 de enero de 1859, y el 24 de enero, Zuloaga reasumió el cargo. El segundo término de Zuloaga finalizó el 2 de febrero de 1859 cuando fue reemplazado por Miguel Miramón.

El 9 de mayo de 1860 se publicó un decreto para que Zuloaga reasumiera la presidencia conservadora. Al día siguiente Miguel Miramón lo tomó prisionero. El 3 de agosto de este año se escapó de León, Guanajuato, y marchó a la Ciudad de Méjico. El Consejo de Gobierno no lo reconoció ya como presidente. Auxiliado por varios militares conservadores, asumió la presidencia el 13 de agosto aunque solo de facto, ya que anduvo en campaña.

Después de tres años de guerra civil, las fuerzas liberales encabezadas por el general Jesús González Ortega, enfrentaron la que sería la última batalla contra las fuerzas conservadoras dirigidas por Miramón. Los liberales vencieron a los conservadores definitivamente en la Batalla de Calpulalpan en el Estado de México el 22 de diciembre de 1860, y finalmente el 1 de enero de 1861, Benito Juárez hizo su entrada triunfal a la capital.

A pesar de haber sido derrotado por los liberales, los conservadores continuaron reconociendo a Zuloaga como presidente. El gobierno constitucional lo declaró fuera de la ley por el asesinato de Melchor Ocampo. El 28 de diciembre de 1862, finalizó su mandato con el que concluyeron los gobiernos conservadores, para preparar el camino a lo que sería llamado el Segundo Imperio Mejicano que fue proclamado en 1863.

Revolución de Ayutla.jpg

Don Antonio López de Santa Anna intentó reprimir rápidamente la insurrección de los pintos (como eran llamados peyorativamente los chilangos de Guerrero, a causa del mal de pinto, endémico de la región). Por ello decretó la pena de muerte para quienes poseyeran un ejemplar del Plan de Ayutla.

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Iván Vélez; “Hernán Cortés está a la Altura de Alejandro Magno”.

Hernán Cortés nace en Medellín en 1485. Hijo de hidalgos, es enviado a Salamanca a estudiar leyes. No acabó los estudios, aunque sí adquirió los suficientes conocimientos legales como para legitimar muchas de las acciones que luego pondría en práctica. Cuenta Iván Vélez, autor de ‘El Mito de Cortés. De Héroe Universal a Icono de la Leyenda Negra’ (Ed. Encuentro), que era lo suficientemente culto, como mínimo, para no ser confundido con el estereotipo del español embrutecido que sólo quiere oro, alguien lujurioso y cruel; era un hombre que manejaba algunas referencias clásicas”.

Cortés, como tantos españoles, pasa a la América insular, desde donde y da el salto gracias a sus relaciones con Diego Velázquez, el adelantado de Cuba. La suya, como intentaron otras muchas expediciones sin éxito, sí llega al continente. Vélez, que publicó con éxito ‘Sobre la Leyenda Negra’ hace dos años’, responde a La Gaceta sobre el que es tenido por uno de los símbolos negrolegendarios por antonomasia: Hernán Cortés.

-¿Qué buscaban aquellos españoles?

Riqueza fundamentalmente. Hacían lo que se llamaba “rescatar oro”, que era básicamente trueque, acciones comerciales. Una vez sobre el terreno aparecen también las motivaciones políticas y religiosas.

Una vez en el continente, -que ellos ignoraban que lo fuera-, parte de su tropa, que había participado en dos expediciones fallidas, le empuja a poblar la tierra y a fundar un municipio. Es el principio del Cortés que será. Ya había sido alcalde de Santiago de Cuba, era un empresario enriquecido, pero en realidad es allí donde se le reviste de poderes políticos y militares. Y es desde allí donde se da cuenta sobre el interior del continente.

-Según las crónicas, era un hombre que ejercía cierto influjo sobre sus semejantes. Hoy lo llamaríamos carisma.

Sí, era un hombre con una capacidad de liderazgo importante, persuasivo, observador, y con un fino olfato para detectar las contradicciones. Es lo que hace cuando se da cuenta del sometimiento de muchos pueblos frente a los mexicas. Y su éxito sólo pudo venir dado por esas alianzas.

-¿Cómo llegan al continente?

Diego Velázquez y él intentan se proponen alcanzar la América continental. Esta vez Cortés corrió con los gastos y todo salió bien. Los objetivos eran rescatar oro, pero también rescatar a españoles que habían quedado allí de expediciones anteriores, e incluso indagar sobre unos extraños símbolos en forma de cruces que mucha gente había visto. Querían saber si había cristianos en aquella tierra.

-¿Y luego?, ¿cómo pasa de ahí a conquistar el Imperio azteca?

Parte de la expedición le anima a establecerse y enseguida los vasallos de Moctezuma, que tenía una amplia red de espías, le ofrecen regalos. Él percibe ya las riquezas enormes que hay tierra adentro.

-¿Moctezuma se ve seducido por el magnetismo de Hernán Cortés? Se ha escrito sobre una suerte de síndrome de Estocolmo del americano.

Algo hay. Moctezuma no conocerá a Cortés hasta meses más tarde, porque Moctezuma no se moverá de la Ciudad de México, de Tenochtitlan. El problema es saber si esa confusión en la que se dice que cayeron los mexicas entre el dios Quetzalcóatl y Cortés era o no real. Hay quienes arguyen, Pereira por ejemplo, que Moctezuma vio que su poder político se derrumbaba y actuó en consecuencia. Sí es cierto que Moctezuma se comportó de una forma ambigua, recibió a Cortés y a los españoles con todos los agasajos posibles, se llevaba bien con ellos, con los que salía incluso de recreo o a pasear. Pero también organizó matanzas en la retaguardia de los españoles. Los que habían quedado atrás con Juan de Escalante, que eran los más viejos o los heridos, y que no habían podido penetrar hasta Tenochtitlan, fueron todos asesinados. Moctezuma, en cualquier caso, es consciente que su fin ha llegado y llega a decirle a Cortés que tiene que gobernar con dureza a los mexicas. No era el timorato supersticioso que a veces se presenta, es un personaje más poliédrico de lo que nos pueda parecer.

Entonces, ¿se sometió voluntariamente a los españoles?

Él sabía que el final de su reinado estaba cerca y trató de sobrevivir de algún modo. Trató de frenar en un principio la llegada de los españoles ofreciéndoles tributos y regalos, pero enseguida se dio cuenta de que aquellos no eran unos visitantes normales.

-Iván, ¿cuál es el mito de Cortés?

Hay varios, pero el principal es pensar que es sólo Cortés el que hace esa gesta. El principal mito en torno a Cortés es concentrar toda la gesta en su persona. Por supuesto que él es el que la encabezó, pero no hubiera sido posible sin el concurso de sus compañeros y por supuesto de sus aliados indígenas. Porque el grueso de la conquista de México son tribus indígenas sometidas por los mexicas.

-Hay un mito de un Cortés negrolegendario, “Icono de la Leyenda Negra”, como dice el título de tu libro.

El mito del español sanguinario, cruel y avaro, surge posteriormente cuando toma cuerpo la Leyenda Negra. No olvidemos que uno de los motores de la Leyenda Negra es el Imperio americano, donde es cierto que hay codicias y acciones sanguinarias. Cortés, dice la Leyenda Negra, representaría todo aquello.

-¿Cuándo, cómo y por qué se genera este mito de Cortés como símbolo de la Leyenda Negra? Porque no siempre fue así, hubo un momento en la historia en el que Cortés fue tenido por un héroe universal.

Va constituyéndose en función de la propaganda anti-española, sobre todo en relación con la Conquista, que llevan a cabo los impresores de los Países Bajos. Pero claro, con la redacción de las historias nacionales en el XIX, en México se procede a pintar con los colores más oscuros la acción española, incluso de ponerla entre paréntesis en la historia de México y verla como un gran vació. El relato que empieza a circular dice que la soberanía mexicana es previa a los españoles ¿Y quién ha roto esa continuidad histórica de México? Cortés.

-Esto es, la nación se define en negativo.

Sí.

-Pero para llegar a eso los mexicanos del XIX hubieron de nutrirse de un discurso que ya habían elaborado holandeses, ingleses y franceses.

Hay actores previos, sí. En el XVI empieza a erosionarse la figura de Cortés, luego serían los ilustrados franceses y por último serían los ingleses en el XIX. Todas las potencias enemigas de España despliegan una guerra propagandística enorme. ¿España hace frente a esa guerra? Relativamente.

-Alejandro, César y su comparación histórica con Cortés. Él mismo conocía esas figuras.

El romancero español o castellano es muy potente y era muy conocido por aquellos españoles. En este romancero estaban incorporadas figuras clásicas como Julio César o Alejandro Magno. El llamado Libro de Alejandro ya estaba por aquél entonces traducido al español. Es decir, que son figuras que ya operaban en aquellos días. Y no olvidemos que en la simbología de los Reyes Católicos está representado el nudo gordiano. Es decir, que la referencia a lo clásico está presente explícitamente; o implícitamente en el sentido que la acción civilizatoria de los españoles resulta equiparable a la que hace Roma o el Imperio de Alejandro, que se despliega hacia la India.

-¿Por qué esos dos Imperios, por ejemplo, no fueron contestados como sí lo fue el español?

Hubo muchos factores, entre los que no hay que desdeñar el tecnológico. Es decir, la imprenta. La ideología funciona pero tiene que haber una tecnología que la soporte. En nuestro caso la imprenta fue decisiva.

-Los grabados de de Bry son claves.

Decisivos. Los de de Bry y otros grabadores. Y aquellos dibujos coincidieron en el tiempo con la gran explosión tecnológica que supuso la imprenta.

-Si la imagen de Cortés fuera objetiva y no manchada por la Leyenda Negra, ¿dónde estaría situado el español?, ¿a nivel de qué héroes universales estaría situada su figura?

Al nivel de César y Alejandro. De hecho grandes figuras históricas se fijaron en él. Napoleón, por ejemplo, encargó una ópera basada en él.

-Se habla mucho de la capacidad política de Cortés, ¿pero qué hay del perfil castrense?

Aún cuando hay quien le critica diciendo que las tácticas que empleaba son medievales, lo cierto es que venció. Y utilizó de un modo muy hábil los recursos que tenía, que no eran tan importantes como pudiera parecer. La artillería, por ejemplo, no tenía la rapidez que se le supone. Utilizó, por ejemplo, los caballos de una forma muy hábil, para asustar. Y luego utilizó estrategias que yo he comparado con las de Alejandro en la batalla de Gaugamela: observar muy bien la estructura del enemigo hasta llegar a la conclusión de que si lo descabezaba en su cúspide se desmoronaría. Y así actuó. Y además redactó unas ordenanzas militares, lo cual nos dice que era un hombre muy preocupado por el orden y la disciplina.

-Cortés y el indigenismo. Otro mito.

Es el mito más poderoso. La relación que tuvo con los indígenas fue muy profunda. Llevó luto por el cacique Maxixcatzin y tuvo hijos con mujeres indígenas. Trató con mucha deferencia a la aristocracia indígena, pero esa imagen se quiebra en el siglo XIX y sobre todo XX, con la aparición de un indigenismo de sesgo religioso según el cual los indígenas ya estaban cristianizados antes de la llegada de los españoles. Sería el primer brote indigenista, en este caso ligado a la Iglesia Católica.

-¿Cómo iban a estar los indios crisitianizados?

Interpretando al dios Quetzalcóatl como Santo Tomás. Esto ha ocurrido en muchos otros sitios de Hispanoamérica. Algunos de los personajes míticos americanos la Iglesia los identifica con figuras cristianas. No olvidemos el caso de la Virgen de Guadalupe, con la cual se creó una iglesia indígena. Pero sobre todo el indigenismo viene de la antropología en el siglo XX y de la mano de las iglesias evangélicas norteamericanas que hacen una gran labor de erosión de la Iglesia Católica de México.

-¿Qué relación tiene Cortés con la Fe?, ¿le movió la Cruz?

Cortés enarbola una cruz y utiliza el lema constantiniano de “Sigamos la Cruz y en esta Señal Venceremos”. Además fue muy vehemente combatiendo la idolatría, hasta el punto de que Fray Bartolomé de Olmedo, que era un clérigo que le acompañaba, le afeaba esas conductas tan exageradas. Rompió los ídolos en el templo mayor de Tenochtitlan con una barra de hierro, algo que viene recogido en la crónica de Bernal Díaz del Castillo. Oía misa a diario y en los adoratorios indígenas puso siempre la imagen de la Virgen o de la Cruz, no del Crucificado, de la Cruz.

-Y procuró evangelizar a los indígenas.

Sí, él, y esto es muy importante, tenía una metodología de carácter descendente, esto es, quería convertir al catolicismo a los extractos superiores de la sociedad y que, de algún modo, esa labor permeara al resto. Estamos hablando de sociedades enormemente estratificadas. No olvidemos que él toma como esposa a Doña Marina, que es La Malinche. Se llamaba Marina porque ya estaba bautizada. Y él va bautizando a los altos estamentos sociales, que por cierto acabarían por reclamar derechos por ser los primeros cristianizados. Tal fue el caso de los tlaxcaltecas.

-¿Una espacie de pueblo elegido los tlaxcaltecas?

Sí, en algún sentido Cortés fue una especia de libertador. Frente al yugo mexica, Cortés, por la vía de la Fe Católica y a la sujeción al Emperador, incorpora esas sociedades y las libera de la ominosas cargas a las que estaban sometidas.

-Carlos I y Hernán Cortés son perfectamente coetáneos y alcanzan la madurez a la vez, ¿qué relación tuvo nuestro protagonista con el Emperador?

Carlos I valoró mucho la acción de Cortés, hasta el punto de que estando Cortés de vuelta en España el Emperador fue a visitarle, algo completamente excepcional. Y en otra ocasión Cortés llegó a misa después de la entrada del Emperador, algo que estremeció a los asistentes, y encima se sentó al lado de él. Carlos V sabía perfectamente el poder que tenía aquél hombre que tantas tierras, súbditos y riquezas le había dado. Bien es cierto que siempre hubo sospechas de que Hernán Cortés podría alzarse con la tierra, es decir, convertirse en una especie de monarca. En cualquier caso, Cortés había procurado muchas glorias al Imperio. Y por cierto que Cortés también participa en la campaña de Túnez, fallida, por parte del Emperador Carlos.

-¿Y cómo es visto hoy Cortés en México, tiene algo de padre de la patria?

No. Es una figura que no ha sido rehabilitada. No sé si decir que hay un trauma con Cortés. Si que es cierto que la historiografía tiene una visión muchísimo más matizada que la cultura popular, donde no está nada asentado. Y de hecho en las calles de México no existen representaciones de Cortés.

-Hay una sola estatua de Cortés en todo el país.

Había una en el Casino de la Selva en Cuernavaca, donde él tuvo su residencia, que ya fue retirada. Hay cierta controversia para ver si la vuelven a incorporar o no. Y luego está el busto de Tolsá que está en la Fundación de Jesús, fundada por el propio Cortés.

-Volvamos a los mitos: las naves quemadas.

Cortés no quemó sus naves. Entre su gente los había que querían regresar a Cuba y otros que querían continuar hacia el interior. El mito del Cortés individualista dice que es él mismo el que toma la decisión. Bernal, en cambio, dice que es una reunión en la cual se le sugiere que haga esa acción. Lo que en realidad hace es hundir o barrenar las naves. Inutilizarlas. Y dejar sólo las necesarias para llevarle al Emperador los presentes. Es cierto que en la primera mitificación de Cortés que se hace, cuando se celebrara sus funerales, Cervantes de Salazar incluye esta imagen de Cortés quemando sus naves. Una imagen que irá fortaleciéndose por algunas vías, sobre todo popularmente. En el XIX hubo una serie de grabados, muy populares en Francia y en España, en los cuales aparece Cortés quemando los barcos. Es ahí donde se fija la imagen del Cortés incendiario. Son grabados, por cierto, que hoy se pueden ver en la Biblioteca Nacional.

-El mito del Cortés Cruel. Quizá hay sido, en cuanto al poder de intoxicación, el mito que más ha perjudicado su figura.

No fue una entrada pacífica la de Cortés en México, pero si analizamos sus acciones, ninguna es caprichosa. Las mutilaciones y las ejecuciones de los enemigos y de los espías estaban a la orden del día en aquella época. La ejecución de los traidores, pues también. En cuanto a la Matanza de Cholula, que es fundamental, no hay más que leer las crónicas para saber que los indicios de que los españoles iban a ser masacrados eran más que evidentes. Lo que hace Cortés es anticiparse. 
Lo que ocurre en el Templo Mayor, donde se produjo la ejecución por parte de Alvarado de la aristocracia mexica, no es achacable a Cortés. Muy probablemente Alvarado viera los mismos indicios que se habían producido en Cholula y, como allí, se adelantara. En cualquier caso, ahí no estaba Hernán Cortés. Sí es cierto que Cortés ejecuta a Cuauhtémoc por la rebelión que se supone estaba fraguando. Y luego hay que tener en cuenta la posible influencia en todo esto de los tlaxcaltecas, que buscaban vengarse de sus opresores. Es un factor que no hay que olvidar.

-Entonces no fue Cortés un hombre particularmente cruel.

Yo creo que no. En cualquier caso son interpretaciones psicologistas. Además, la prudencia que tenía que guardar en todo momento le impedía hacer matanzas gratuitas. No le interesaba. Él tenía muy poca gente consigo. Él estaba en una posición de gran inferioridad. Tenía a sus aliados indígenas, pero españoles al principio había unos pocos cientos. Y después, cuando se incorpora el contingente que llega con Pánfilo de Narváez llegaron a algo más de mil.

-Contra un Imperio.

Claro. Es imposible que con eso tú puedas permitirte caprichos como ejecuciones masivas por diversión. A esta imagen de crueldad, por cierto, contribuyó enormemente Fray Bartolomé de las Casas, que comparó a Cortés con Nerón.

-Hablas en el libro de la voluntad integradora de Cortés.

Cortés quería integrar. El suyo era un Imperio generador, si le hubieran movido cuestiones puramente económicas se hubiera establecido sólo en la costa, en Vera Cruz, y hubiera llegado a un acuerdo con el cacique de turno, como hicieron los portugueses, los ingleses o los holandeses, y no hubiera entrado más allá y no hubiera reconstruido la ciudad, por ejemplo. O no hubiera fundado municipios. O no hubiera dejado el Hospital de Jesús. O los conventos.

-Estableces un dicotomía entre Imperio generador hispánico e Imperio depredador anglosajón.

A la hora de analizar los Imperios que en el mundo han sido, es pertinente establecer unas diferencias. Nosotros solemos distinguir entre Imperios generadores e Imperios depredadores. Los generadores son aquellos que integran a las poblaciones con las que se encuentran; un ejemplo evidentísimo es el Imperio español, y el mestizaje así lo prueba, y también la fundación de centenares de ciudades construidas todas con un mismo esquema. Parten de un gran vacío central, que es la plaza de armas, donde están representadas todas las instituciones Imperiales y religiosas -no olvidemos que estamos hablando del Imperio Católico-, y después una repartición de tierras a base de cuadrículas o cuadras, terminología que aún se usa por ejemplo en Argentina. Y la población es integrada dentro de la Fe Católica y dentro de las leyes vigentes. Los indígenas fueron incorporados a estas legislaciones y se les redactaron unos derechos que les equiparaban en gran medida a los castellanos de la época. No olvidemos que Humboldt, cuando hace su viaje, se sorprende del nivel civilizatorio con el que se encuentra. Frente a esto está el Imperio depredador, que es aquél que se implanta en los bordes de las sociedades con las que se encuentra y simplemente se dedica a extraer recursos, ya sean materiales, ya sean humanos.

-Inglaterra sería el icono de esta modalidad de Imperio.

Exacto. Véase, por ejemplo, lo tarde que aparecen las universidades en los terrenos por ellos colonizados en comparación con cuándo aparecen en los terrenos bajo el Imperio español, que es el siglo XVI. Otros ejemplos de Imperios depredadores son el holandés o el portugués, que establece incluso factorías.

Fuente: Gaceta.es

Busto de Hernán Cortés (Replica de Manuel Tolsá).jpg

Busto de Don Hernán Cortés (Manuel Tolsá)

“Creo que se puede comparar perfectamente a Cortés con Alejandro Magno, y no es que yo lo crea, es que durante la historia se le comparó, sería una especie de segundo Alejandro o un nuevo Alejandro.” Iván Vélez.

La Alexandriada de Francisco Javier Alegre; Arcanis Sua Sensa Figuris.

La Alexandriada, escrita por el historiador y poeta jesuita Veracruzano, Francisco Javier Alegre, nos cuenta la toma de Tiro por Alejandro Magno. Este poema es ampliamente reconocido como una obra maestra de la poesía latina del humanismo.

En este breve trabajo, discutiré los temas principales, y ofreceré una nueva interpretación de la obra. De hecho, puede ser vista como una representación de la Conquista de Méjico por los españoles, tesis que probaré con pasajes específicos. Además encuentro muchos textos y discursos desde el siglo XVI (por ejemplo, La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz) en los cuales se identifica al conquistador Hernán Cortés con el rey macedonio.

Francisco Javier Alegre fue compatriota y compañero exiliado de los poetas Diego José Abad y Rafael Landívar, y junto con ellos se estableció en Bolonia. Nació en Vera Cruz en 1729, y había llegado a dominar latín, griego, hebreo, italiano y francés antes de convertirse en catedrático de letras en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. Había comenzado a escribir una ambiciosa historia de los jesuitas en Nueva España: un proyecto que no logró concluir antes de la expulsión de esta Orden de los territorios españoles en 1767. Pero quizá su obra maestra fue una traducción latina de la Ilíada de Homero que publicó en Forlí (Italia) en 1773, y a la cual le siguieron más ediciones en Bolonia y Roma. Un siglo más tarde, el celebrado crítico español Menéndez y Pelayo estimó la Ilíada de Alegre más como un poema de Virgilio que de Homero. También fueron impresos en Venecia, entre 1789 y 1791, los dieciocho libros de sus Institutiones theologicae.

La Alexandriada de Alegre es una epopeya original en cuatro libros; cada uno de ellos consta de aproximadamente quinientos hexámetros latinos. Este poema fue publicado junto con la traducción de la Ilíada en 1783 y además con un ensayo que ofrecía las teorías poéticas del estudioso jesuita, las cuales muestran un sistema derivado de Horacio. Para su propio poema sobre Alejandro Magno, Alegre utiliza diversas fuentes históricas, incluyendo las obras de Quinto Curtio y Josepho así como la de Diodoro Sículo, aunque su estilo latino sigue estando basado en el léxico de Virgilio. Pero la concepción general de este poema es más cercana al barroco español que a la lucidez y relativo neoclasicismo de Abad y Landívar.

En el primer libro de la epopeya, el protagonista Alejandro, después de vencer a Darío quiere subyugar Siria. Envía a sus embajadores a los tiros en busca de un acuerdo de paz. Sin embargo, los tiros los matan y arrojan sus cuerpos al mar ante los ojos de Alejandro. Se hace un funeral: el episodio da ocasión para hacer un catálogo de todos los líderes macedonios. El segundo libro cuenta la construcción por Alejandro de un gran malecón, que iba desde la costa hacia la ciudad marítima de Tiro. Pero Juno acude en ayuda de los tiros quienes destruyen la estructura con un barco en llamas. En el libro tercero, Alejandro es puesto sobre aviso en sueños de ir a Jerusalén, donde se encontrará con Jaddo, el sacerdote supremo de los judíos. Jaddo le revela los oráculos que le conciernen y también expone las falacias del politeísmo griego contándole del Dios de los judíos.

Nota: Nota: Hay una historia fascinante acerca del primer encuentro entre Alejandro y los judaitas, quienes se encontraban bajo el dominio del imperio persa. El Sumo Sacerdote del tempo de Jerusalén, temiendo que Alejandro fuera a destruir la ciudad, salió a su encuentro. La narración describe como Alejandro, al ver al Sumo Sacerdote, se bajó de su caballo e hizo una reverencia. En el relato de Flavio Josefo, cuando el general Parmerio le preguntó la razón, Alejandro respondió: “No hice una reverencia ante él, sino ante el Dios que lo ha honrado con el Sumo Sacerdocio; pues he visto a esta misma persona en un sueño, con esta misma apariencia”. Alejandro se apiado de Jerusalem, absorbiendo pacíficamente la tierra en su creciente imperio.

Luego, Alejandro acude para levantar la moral de sus exhaustos soldados quienes entonces presencian algo muy extraño: cuando se sientan en la hierba para cortar el pan, de pronto de éste emana sangre negra que se desparrama sobre sus mesas y altares. Según el vidente Aristander, esta señal es un augurio de su victoria sobre los tiros. El cuarto y último libro se abre con las batallas navales entre griegos y tiros. Marte está aconsejando a Alejandro mientras que Juno y Neptuno ayudan a sus enemigos. Como la fortuna gira en contra de los tiros, un sacerdote, por mandato de Saturno en un sueño, intenta sacrificar a un ser humano, pero los mayores de la ciudad se lo prohíben. Alejandro después de cercar la ciudad con su armada y atacar desde el malecón, la toma, matando a los líderes Belo y Nino. Al final del poema, el poeta expresa su deseo de poder cantar de un modo más serio a la Guadalupana. Al cierre del último libro esa abrupta transición desde la sangrienta matanza de Nino hacia la loa de la Virgen, como patrona de Nueva España, a primera vista se ve extremadamente peculiar:

“Ast heros tetro jam vulnere singultantem, Conficit, in terram pronus tum corpore toto Vertitur ille remens, largoque cruore rubentem Mandit humum, tristemque animam sub Tartara fundit. Hactenus Aemathios Vatem memorasse triumphos Sit satis, arboream recubat dum lentus ad umbram, Qua per Mexiceos liquidus perlabitur agros Anthius, ac placidis foecundat jugera limphis, Et Guadalupaei surgunt felicia templi Culmina, pinnatoque minantur in aethera clivo. Fors olim tua, Diva parens, graviore cothurno Signa canam, laudesque tuas procul ultima Thule Audiet, ac positis numen venerabitur aris.” Alexandriada, 4, vv. 574-586.

Traducción: “Pero el héroe ya acabó con una horrible herida al que gime, en el momento en que éste, temblando, inclinado hacia la tierra, se voltea con todo el cuerpo, muerde el suelo enrojecido por tanta sangre y lanza la triste alma bajo los tártaros. Esto sea suficiente para que el poeta haya conmemorado los triunfos ematios, mientras tranquilo se recuesta bajo el arbóreo umbral, donde el líquido Antío se desliza por los campos mexicanos y fecunda las yugadas con plácidas aguas, y donde se levantan las felices bóvedas del templo Guadalupano y amenazan hacia los cielos con apuntalado declive. En otro tiempo, por fortuna, ¡oh divina Progenitora!, cantaré tus señales con grave estilo, y el confín Tule oirá a lo lejos tus alabanzas y venerará a la divinidad en las aras erigidas.”

Tales transiciones —que nos transportan del épico mundo ficticio-mitológico hacia el tiempo y el lugar actual del poeta— no son raras en la poesía latina del renacimiento italiano. Por ejemplo, la Ambra de Angelo Poliziano se cierra siguiendo el curso del arroyo de la inspiración que se desliza por los versos de Homero hacia los jardines de la villa de los Médici; al final de su epopeya sobre la Virgen, Jacobo Sannazaro celebra su residencia en la playa, en Mergellina, cerca de Nápoles. Aquí también en la Alexandriada, hay una conexión entre dos imágenes: el flujo de la sangre de Nino por la tierra de Tiro corresponde al flujo del río Antío por los campos de Méjico.

De hecho, hay más indicaciones de un tema mejicano en todo el poema, como se muestra en seguida. La construcción del templo Guadalupano, en el pasaje alegriano que he citado, recuerda la del templo de Juno en Cartago en el libro primero de la Eneida de Virgilio.

“Lucus in urbe fuit media, laetissimus umbrae quo primum iactati undis et turbine Poeni effodere loco signum, quod regia Juno monstrarat, caput acris equi; sic nam fore bello egregiam et facilem victu per saecula gentem. hic templum Iunoni ingens Sidonia Dido condebat, donis opulentum et numine divae aerea cui gradibus surgebant limina…” Eneida, 1, vv. 441-448.

La palabra Poeni que Virgilio usa, aquí y en otras partes de su obra, para denotar a los cartagineses es la misma palabra que Alegre utiliza para referirse a los “tiros”. En todo su poema Alegre identifica a los tiros como cartaginenses: semejante identificación es algo obvio y habitual en las letras clásicas de la antigüedad.

Pero esa identificación tiene un valor añadido en el contexto de la historia mejicana después de la conquista europea. Dos siglos antes de Alegre, el etnógrafo franciscano Bernardino de Sahagún comparó a los tlaxcaltecas con los cartagineses. La comparación perduró, y se extendió por los discursos humanistas. Rafael Landívar, un contemporáneo de Alegre, se figuró que la Ciudad de México era un tipo de Cartago en el proemium a la Rusticatio Mexicana:

“Urbs erat occiduis procul hinc [sc. Italia] notissima terris Mexicus, ampla, frequensque, viris opibusque superba, Indigenis quondam multos dominata per annos: Nunc vero Hispani, populis, Mavorte subactis, Sceptra tenent, summaque urbem ditione gubernant.” Rusticatio Mexicana, 1, vv. 32-36.

Traducción: “Había lejos de aquí [sc. Italia] una ciudad, conocidísima en las tierras occidentales, México, espaciosa y poblada, en habitantes y riquezas magnífica, dominada en otro tiempo, durante largos años, por los naturales del país. Mas al presente los hispanos, sometidos los pueblos por la guerra, empuñan el cetro y gobiernan con soberano dominio la ciudad.”

Es obvio que ese proemium sigue el modelo de Virgilio:

“Urbs antiqua fuit (Tyrii tenuere coloni) Karthago, Italiam contra Tiberinaque longe ostia, dives opum studiisque asperrima belli.” Eneida, 1, vv. 12-14.

Se parece mucho a la concepción que tiene Villerías y Roelas en su Guadalupana (1724), la primera epopeya latina original llegada de Nueva España. Hay además una pista de tipo “paratextual” para confirmar la conexión entre Tiro o Cartago y México en la Alexandriada. Alegre produjo una breve reseña en prosa latina a cada libro de su obra. Nuestra pista se encuentra en el argumentum en prosa del tercer libro del poema donde Alegre hace referencia a septentrio para indicar la región de Tiro. La palabra latina septentrio indica el territorio que se extiende desde el ecuador hasta el Polo Norte. Creo que en español “septentrión” y “septentrional” se aplican a México, porque es la parte que está más al norte de Hispanoamérica. Entonces, México se alinea con Tiro de manera simbólica, aunque no haya un paralelismo preciso desde el punto de vista geográfico.

Alegre tiene propensión a emplear alegorías en varias partes de su poema: el sueño de Alejandro con Hércules y la profecía del sacerdote Jaddo son dos ejemplos localizados en el tercer libro. A veces hay figuras retóricas que producen conceptos más elaborados. María Elvira Buelna Serrano ha tomado en consideración los versos que empiezan el cuarto libro:

“Et jam Sol trepidas pellebat tertius umbras, Quum gemina Aemathius lunatam in cornua ductor Partitur classem.” Alexandriada, 4, vv. 1-3.

Traducción: “Y ya el tercer sol aparta las trémulas sombras, cuando el conductor macedonio distribuye la flota en forma de media luna con cuernos gemelos.”

Pero hay un significado alegórico más prolongado que se expresa en la entera narrativa del poema, y ese significado es el tema principal de este artículo. De hecho, la toma de Tiro equivale a la conquista hispánica de México. La equivalencia puede ser ilustrada con varios ejemplos. Empezamos con la contraposición religiosa entre Alejandro —que se alía al monoteísmo judaita— y los tiros politeístas que suelen sacrificar seres humanos. Esa contraposición presenta una analogía destacada entre el conflicto de los conquistadores católicos con los aztecas. Se ha notado correctamente que el Dios, como Jaddo lo describe por el bien de Alejandro, tiene un carácter muy tomista.

“At nobis unus Deus est, non faemina, non mas, Aeternus, simplex, terreno ab corpore longe. Nec natura Dei quaquam contenta figura est, Non manibus, non illa oculis, non sensibus est Perviam principioque carens, & nescia finis.” Alexandriada, 3, vv. 116-120.

Traducción: “En cambio para nosotros, existe un solo Dios, ni hembra ni macho, eterno, único, lejano del cuerpo terreno. La naturaleza de Dios no está contenida en ninguna figura, ella no tiene manos, ni ojos, ni sentido alguno, carente de principio y desconocedora de fin.”

De este modo, el rey Alejandro se hace prototipo de Hernán Cortés. Quizá sea lo que Jaddo implica cuando ofrece la predicción siguiente:

“Orbi Jura dabis victo, quum formidabile nomen Extremos feret usque ingens tua fama sub Indos.” Alexandriada, 3, vv. 232-234.

Traducción: “Darás las leyes al orbe vencido, cuando tu gran fama lleve el formidable nombre hasta los confines indios.”

No necesitamos aducir en apoyo de nuestra teoría sólo la designación viciada del “indios” al mundo occidental en los discursos europeos del descubrimiento y de la conquista. Cortés, aun mientras vivía, se comparaba con Alejandro de Macedonia.  Según La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, dos compañeros de armas reprocharon a su comandante que hubiera tratado de imitar a Alejandro. Eso fue porque se había otorgado más honor y privilegio a los vencidos que a los vencedores, después de haber restituido caballos y armas a los soldados de Narváez. Y además Bernal Díaz nos cuenta que siete prudentes comandantes se quejaban con Cortés de que ni los romanos ni Alejandro de Macedonia, estando en posesión de un ejército tan pequeño, hubieran intentado lanzar un ataque contra poblaciones tan vastas. El conquistador lo admitió, pero posteriormente sacó provecho de ello para insistir en superar a sus predecesores.

Hay detalles específicos en la narración de Alegre que nos recuerdan acontecimientos —tanto estratégicos como diplomáticos— en el sitio de Tenochtitlán: ahí también encontramos fracasos de negociación, ataques navales, intimidación simbólica, acciones inútiles de los ciudadanos sitiados, la construcción de malecones y puentes, los cumplimientos de profecías, las muertes de los líderes vencidos.

La estudiosa María Elvira Buelna Serrano, editora y traductora en español de Alegre, tiene razón, me parece, cuando tiene más en cuenta tanto la situación de la Nueva España en el Siglo XVIII como el concepto contemporáneo de la soberanía para su análisis conceptual del poema. No obstante, ese análisis también me interesa porque reconoce que Alegre “expresa en su poema una concepción cíclica de la historia”, cuando dice el narrador al final del tercer libro:

“Vos siqua indebita nostris Fama suat Musis, nec sera inviderit aetas Invictos animi juvenes sciet aemula nostro Carmine posteritas, fideique exempla prioris Agnoscet, vestrumque feret super aethera nomen.” Alexandriada, 3, vv. 400-404.

Traducción: “Si de alguna manera la indebida fama os unirá con nuestras musas y la época tardía no lo mirará con malos ojos, la émula posteridad conocerá a los jóvenes invictos de espíritu por nuestro canto, sabrá los ejemplos de la primera fidelidad y llevará a las regiones etéreas vuestro nombre.”

Al concebir la Alexandriada como una alegoría de la historia de la conquista europea de México, no quiero, de ninguna manera, decir la última palabra. De hecho, creo que la interpretación del poema como tal no puede ser decisiva: es abierta porque estará determinada por los horizontes ideológicos del lector. Sólo se espera que haya más debate y discusión de esta importante obra de Francisco Javier Alegre.

Por Andrew Laird.

Mosaico de Issos.jpg

El mosaico de Issos (también conocido como mosaico de Alejandro Magno) es una copia romana (ca. I a. C.) de una pintura helenística (ca. 325 a. C.) conservada en la Casa del Fauno, en Pompeya. Representa la Batalla de Issos, en especial la carga de los hetairoi de Alejandro guiados por su líder mientras los soldados de Darío III Codomano intentan proteger a su rey.

Entrevista con el Historiador Will Fowler sobre la Figura de Santa Anna ¿Héroe o Villano?

El Veracruzano Antonio López de Santa Anna fue presidente de Méjico y hoy en día es recordado como el “gran malvado”. Se dice que la historia la cuentan los vencedores. Nada más cierto para explicar el caso de Antonio López de Santa Anna, el presidente más vilipendiado en la historia.

Tras 17 años de investigación documental exhaustiva en México y Estados Unidos, el historiador escocés nacido en Barcelona, Will Fowler, publica un libro que separa el mito de la realidad: Santa Anna ¿Héroe o Villano? (Crítica), en el cual revela, por ejemplo, que el primero en hacerse llamar “Su Alteza Serenísima” no fue Santa Anna, sino Miguel Hidalgo.

Una Leyenda Negra que no se Sostiene en Documentos.

Puesto a investigar a fondo a Santa Anna, Fowler miró documentos originales, fuentes primarias. “Verdaderamente hay una leyenda negra que no se sostiene en los documentos”, concluyó tras la investigación.

“Santa Anna fue culpado de todo lo malo que pasó en las primeras décadas nacionales. Fue una acusación que ahora se entiende cómo y por qué surgió: hubo una serie de actores interesados que crearon ese mito. En particular, tras la guerra con EUA y el trauma de la derrota, se buscó un chivo expiatorio y Santa Anna fue el comodín perfecto”.

De ahí que la biografía “Santa Anna”, publicada por la UV, es una visión del político y militar “que no necesariamente pretende juzgarle pero que sí muestra que hay una serie de acusaciones que no se sostienen en la realidad”, añadió.

Santa Anna luchó el norte, en La Angostura. En Cerro Gordo. Contra los españoles en 1829 y contra los franceses en 1838, en vez de quedarse en Palacio Nacional y enviar a otros generales, fue a la batalla. Tuvo victorias muy importantes: en Tampico, en 1829, contra los españoles, que consolidó la Independencia de Méjico.

En 1838, cuando lanzó el contraataque contra la invasión francesa y perdió la pierna. En 1835, tras de la batalla de San Jacinto, los abolicionistas y los esclavos de Texas lo saludaban a su paso como un héroe en la batalla contra de la esclavitud.

Al final de su vida, se lamentaba de sus 19 años en el exilio, vilipendiado, acusado de traición, algo que no podía entender, y decía: “Si yo me hubiera muerto en el 38, contra los franceses, ahora sería un héroe”.

Fowler, autor de la biografía publicada en español por la Editorial de la Universidad Veracruzana (UV), conoció a dos de los últimos descendientes de Santa Anna en la Ciudad de México, gracias a una afortunada casualidad. Y aún hoy, ambos se guardan de presumir el parentesco.

¿Es justa la acusación de que Santa Anna traicionó a Méjico?

R.- Las acusaciones de traidor apelan a cosas que no están basadas en la verdad. Se le acusa de traidor por haber aceptado la Independencia de Texas en el Tratado de Velasco de 1836, cuando en realidad él estaba preso. De hecho, en este tratado no reconoce la Independencia de Texas. Tuvo muchas discusiones con sus captores. Lo podemos ver por la cantidad de borradores que rechazó aún sabiendo que era un presidente preso y que, como tal, su firma no tenía validez. Lo que acordó en ese documento fue aceptar que una comisión texana fuera a Méjico a proponer la idea de la Independencia de Texas, sabiendo perfectamente que el congreso iba a rechazar la propuesta… Se dice también que vendió la mitad del país y no fue así. El territorio se perdió tras perder la guerra contra Estados Unidos en el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, que firmó el gobierno de Manuel de la Peña y Peña, compuesto por liberales moderados que intentaban detener la guerra. Santa Anna, en tanto, quiso continuar la guerra yéndose a Oaxaca para formar un nuevo ejército, pero no sucedió porque Benito Juárez no quiso apoyarlo y le prohibió la entrada. Después de este hecho, Santa Anna se va al exilio.

¿En qué se basa para sostener que Santa Anna no fue un traidor?

R.- Los documentos que he usado se encuentran en México, Estados Unidos y Europa. En ellos se ve que muchas acusaciones que se le hicieron y le han hecho no se sostienen. Por ejemplo, se le acusó de traicionar al país por haber avalado la Independencia de Texas en 1836, pero él no lo reconoció, porque en el Tratado de Velasco (1836) lo que acepta, mientras se encuentra preso, es que una comisión de Texas acuda al Congreso para tratar el tema de su Independencia, sabiendo perfectamente que el Congreso no la aceptaría.

Se le acusó de traidor porque perdió la guerra contra Estados Unidos (1846-1848). Los documentos muestran lo contrario. Santa Anna se dedicó a luchar en los tres frentes de combate: en el norte, en Vera-Cruz y en los alrededores de la Ciudad de Méjico. De hecho, a quien intentó engañar fue a los gringos. Aunque es cierto que ellos le pagaron para que comprara al Congreso y se reconociera la derrota, él se quedó con el dinero y peleó en los tres frentes de guerra.

¿Quién difunde el mito de Santa Anna como traidor a la patria?

 R.- Se empieza a gestar desde la guerra entre Méjico y Estados Unidos, cuando el diputado Ramón Gamboa comienza, desde su propia agenda política, a difundir tales acusaciones. Sin embargo, el perfil de traidor bien establecido empieza con la Restauración Liberal y con Benito Juárez. Fue una manera fácil de afrontar el trauma de la guerra contra el país vecino. Este tipo de cosas suceden a menudo en la historia. Por esa razón también se creó el mito de los Niños Héroes en 1868. Sí hubo cadetes que lucharon, pero lo de los seis héroes y el joven que se tiró con la bandera es un mito. Son formas que se inventa un país para superar sus traumas. En este contexto, Santa Anna surge como el gran malvado de la historia. En el Porfiriato también se generaron falsedades, como aquella que dice que fue reelegido 11 veces, cuando en realidad sólo ocupó la silla presidencial en seis ocasiones. Fue una forma de justificar las reelecciones de Díaz. Se quiso exagerar la inestabilidad de la época de Santa Anna para poder ensalzar la ‘pax’ y el progreso porfiriano.

¿Por qué en su libro dice que Santa Anna gobernó seis veces Méjico y no once como sostiene la historia oficial?

R.- Se cuentan once veces porque cada vez que él salía de la Ciudad de Méjico y regresaba sus críticos sostenían que iniciaba una nueva presidencia. Esto se hizo para generar la inestabilidad de la época. Esa tradición de ensalzar el caos viene de los historiadores del porfiriato, que querían contrastar la inestabilidad de las primeras décadas nacionales con el porfiriato. Son seis mandatos (1833-1835, 1839, 1841-1843, 1843-1844, 1846-1847 y 1853-1855), en los que en muchos no estuvo en la Ciudad de Méjico, pues se hallaba en el frente de combate o en su hacienda. Estuvo mucho más tiempo en Vera-Cruz que gobernando el país

¿Por qué sería tan importante para un país conservar a uno de sus villanos favoritos?

R.- Para mí, es problemático porque interfiere con una comprensión más justa del acontecer histórico. El problema de tener héroes y villanos es que una vez que se crea esa visión histórica maniquea se impide la comprensión del pasado.

Los buenos se convierten en santos y no hay manera de criticarlos. Y, por otro lado, se dificulta entender el pasado. Es decir, si Santa Anna fue tan terrible, cómo es que personajes ilustres de diferentes bandos, en diferentes momentos, exigieron y le pidieron que regresara el poder.

Es un problema que viene de años de tener una historia oficial plena de textos escolares que repiten ciertos mantras. Hay los buenos, hay los malos. Y por otro lado, surge de una visión elaborada del pasado que, en teoría, se construye para justificar el presente.

“Al estudiar a Tornel me di cuenta que Santa Anna poseía una coherencia ideológica y una evolución política, que no era un personaje siniestro. Como todo político no era un ángel, pero tampoco era un monstruo”, explicó.

Para el historiador, si una persona respetada en su época, como Tornel, a quien se admiraba por su pensamiento político y su prosa, era un dedicado santannista, “no concordaba con que Santa Anna fuera el gran traidor, el gran monstruo, el gran vende patrias. No me cuadraba”.

¿Cómo es que la historia escrita a modo para el grupo en el poder termina siendo parte del bagaje sentimental del pueblo?

R.- Uno nace en una cultura en la que desde pequeño se conocen las fechas importantes. El 16 de septiembre, el 20 de noviembre, el 5 de mayo son fechas que además se encuentran en nombres de calles en toda la República. Así se consolida la idea de cuáles son las fechas importantes y quiénes los grandes héroes. Es algo a lo que muchas generaciones han estado expuestas.

Y es que el problema de la narrativa de la Historia es quién la ha elaborado y por qué. Aunque habría que matizar, hemos dicho que de cierta manera es la visión oficial la que legitima la Historia, pero llega el momento en que ya son tantos años de repetir el mantra que la versión corriente ya no tiene que ver necesariamente con la gente que está en el poder.

En medio de héroes y villanos y del oficio de historiador, ¿no le seduce la idea de la novela o del romance?

R.- Como buen historiador profesional, me he tenido que reprimir de fantasear. Lo que yo he escrito es historia, no una novela, pero la de Santa Anna es una vida muy novelesca; no se pierde el romance con escribir una historia donde no hay buenos y malos. De hecho, es más romántico.

Mi padre era un experto en Shakespeare y, de cierta manera, Santa Anna es como uno de esos personajes shakespearianos: con todos esos errores y problemas, muy humano, que no es perfecto, con buenas intenciones pero que comete errores garrafales.

Hay en su vida un elemento de tragedia: él se consideraba a sí mismo un patriota pero, al final y durante 19 años, fue acusado de traición. Hacia el final de su vida perdió un poco de norte, se hizo mayor y perdió control de lo que estaba pasando, la gente lo engañó.

Debemos aproximarnos a la Historia como nos aproximaríamos a la vida: evidentemente debe haber personas malvadas, pero muchas veces los malos quizá no fueron malos, sino que cometieron errores porque estaban en un contexto muy particular, con elecciones muy difíciles de tomar. Con toda razón, podemos decir: “Esta decisión fue mala”, pero decir que la intención era robar al país o, como acaba la novela de Enrique Serna, “El Seductor de la Patria”, que lo que quiso fue fastidiar a Méjico… yo no veo eso.

Héroe de la Lucha contra la Esclavitud.

En 1835 se abolió la constitución federal y Méjico se convirtió en una república central. En el estado de Texas-Coahuila se las habían ingeniado hasta entonces para ignorar el mandato constitucional federal de 1829 que abolió la esclavitud. Sin embargo, la constitución de Méjico en república central les obligó a la abolición. Los texanos anglo-americanos, sobre todo, se rebelaron.

“Cuando capturan a Santa Anna, luego de la batalla de San Jacinto, lo llevaron de Texas a Washington a conocer al presidente de los Estados Unidos. A su paso, los abolicionistas y los esclavos salían a celebrarlo como un héroe en contra de la esclavitud”.

Los investigadores de Estados Unidos también abonaron a la leyenda negra de Santa Anna para justificar la revuelta texana y, ya durante la gran guerra contra EUA, lo presentaron “como un villano, como un dictador y como un monstruo que provocó la intervención en Méjico, por la fuerza, y el robo de la mitad de su territorio”.

Juárez Santannista.

”En 1832, durante el conflicto contra el gobierno de Anastacio Bustamante (de tendencia centralista, conservador), un joven Benito Juárez apoyó, desde Oaxaca, al movimiento de Santa Anna y una serie de pronunciamientos que llevaron a la guerra civil que obligó a Bustamante a dejar la presidencia.

”Después esa historia de Juárez apoyando a Santa Anna cambió. Para Juárez, éste representaba una visión militarista que iba en contra de su propia visión de Méjico y los dos empezaron a tener una relación muy difícil, especialmente después de que en 1848 las tropas de EUA entraron a la Ciudad de Méjico.

”Santa Anna salió de la ciudad con la intención de seguir la guerra y él y Juan Álvarez decidieron ir a Oajaca, donde todavía no habían llegado los gringos, y formar un nuevo ejército para regresar y tratar de liberar la Ciudad de Méjico. Al llegar a Oajaca, Juárez le prohibió entrar y de ahí el odio hacia el oajaqueño.

”No le quedó más que salir del país. Pero cuando regresó al poder, en 1853, exilió a Juárez. En 1867, hacia el final de la guerra de intervención francesa, cuando las fuerzas nacionales ya ganaban, Santa Anna casi libera el puerto de Vera Cruz. Los norteamericanos, que apoyaban a Juárez, intervinieron para evitar que Santa Anna pudiera desembarcar; éste se fue a Yucatán, donde desembarcó y fue arrestado por órdenes de Juárez.

Lo llevaron a juicio en Vera-Cruz. Juárez era de la idea de que a Santa Anna se le aplicara la misma ley que fusiló a Maximiliano, Miramón y Mejía. Pero como Santa Anna fue juzgado en Vera-Cruz no se le perdonó pero tampoco lo fusilaron. Se le condenó por una infracción llamada “conato de incidencia” y lo exiliaron. Juárez, furibundo porque no se le obedeció y no se fusiló a Santa Anna, encarceló seis meses en San Juan de Ulúa a los seis militares que conformaron la corte marcial”.

Santa Anna en su Tierra.

En su biografía, Fowler dedica especial atención a la relación de Santa Anna con su tierra natal, Vera-Cruz. “Pasó más tiempo en Vera-Cruz que oficiando de presidente en la Ciudad de Méjico. De hecho, ya como presidente, tan pronto como podía regresaba a Vera-Cruz.

”Lo que realmente le importaba eran las haciendas de Vera-Cruz. En realidad era un hacendado al cual recurrían los políticos de la capital cada vez que llegaban a un callejón sin salida. Aparecía entonces como el salvador de la patria, hacía de árbitro y regresaba de nuevo a sus haciendas.

”Y era un hacendado dedicado, que arrendaba sus tierras con instrucciones muy precisas. Y como tal se convirtió en la figura más importante del Estado de Vera-Cruz, porque controlaba la carretera que va del puerto a Jalapa, por la que, en ese momento, pasaba todo lo que entraba y salía del país.

“Si él quería influir en la política nacional lo único que tenía que hacer era parar, tomar la aduana, quedarse con el dinero y no dejar entrar ni salir el comercio. El gobierno tenía que escucharlo”.

Will Fowler - Santa Anna, Héroe o Villano.jpg

“En -El Republicano- y otros periodicuchos de la época se dijo que me retiré de La Angostura por estar coludido con el invasor. De mi conducta en la batalla puede dar fiel testimonio la levita con agujeros de bala que llevaba puesta ese día y aún conservo como una reliquia sagrada. Si Taylor y yo nos pusimos de acuerdo para montar una sangrienta farsa, ¿Qué sentido tenía exponer mi vida en ella?. No fui yo quien desamparó a la República y la entregó indefensa a la expoliación extranjera.” Don Antonio López de Santa Anna.

La Charrería Mejicana; Tradición Ajena a Vera-Cruz.

Historia de la Charrería.

Fuente: De Charros.com

Los caciques Otomíes, Nicolás Montañéz; Fernando de Tapia y el instructor Fray Pedro Barrientos, contribuyeron mucho a la cimentación de la cacharrería. ( Años 1531 a 1555 ). Por ese tiempo el santo varón Sebastián de Aparicio, adquirió la hacienda de Careaga, – entre Azcapotzalco y Tlalnepantla (Posterior Intedencia de Méjico) -, donde de se dedico a la agricultura y la ganadería, enseñando los indígenas que no mostraron interés en la agricultura una nueva actividad; la doma de bovinos y más tarde la del ganado caballar, a pesar de estar prohibido hacerlo, pues su uso era reservado sólo a los conquistadores. Surgiendo así este nuevo oficio que luego se extendió floreciente desde la Mesa Central, a todos los confines del Virreinato con el nombre de Charrería.

Así nació la charrería en las haciendas de los Estados de Hidalgo, – cuna de la Charrería -, Puebla y Estado de México, extendiéndose más tarde por la Nueva España y floreciendo en el Virreinato de la Nueva Galicia, – actual Estado de Jalisco y sus alrededores-.

Posteriormente y poco a poco la Charrería creció, al generalizarse el uso de los caballos entre los habitantes, donde los hacendados y sus servidores de confianza hacían gala de su pericia y destreza en el manejo de los animales, consumando útiles y valiosas maniobras con arrojo, valentía y pericia.

En 1880 la Charrería profesional tuvo su origen, fue entonces cuando apareció el famoso “Charro Ponciano” cuyas hazañas reconocemos por los corridos y canciones. Su nombre fue Ponciano Díaz, originario de la Hacienda de Atenco, en el Estado de Hidalgo – la primera ganadería que se estableció en América -, dio gran impulso e incremento a la Charrería, convirtiéndola en espectáculo.

La Charrería fue declarada “Deporte Nacional” (del Estado Mexicano) por el priísta Manuel Ávila Camacho, e instituido el 14 de septiembre como “Día del Charro”.

Por lo cual debe quedar claro que la Charrería nació en el campo y se reglamento en la ciudad, surgiendo la primera asociación en la Ciudad de México, con el nombre de “La Nacional” el 4 de junio de 1921. Posteriormente surge el 29 de abril de 1923, la segunda asociación de la República con el nombre de “Club Nacional de Charros Potosinos”, ahora Potosina de Charros en la capital del Estado de San Luis Potosí y, el 8 de agosto de 1923, en Toluca Estado de México, la tercera asociación de charros.

El 16 de diciembre de 1933 se funda la Federación Nacional de Charros en la Ciudad de México, que se dio a la tarea de agrupar a todas las asociaciones de charros, para organizar competencias y elaborar un reglamento común que unificará criterios en la práctica de este “deporte nacional”.

Los Lujos del Rancho de Duarte en Valle.

Fuente: Eje Central.com

Los lujos del rancho Las Mesas, en Valle de Bravo, propiedad de Moisés Mansur en copropiedad con José Juan Jainero Rodríguez, Rafael Gerardo Rosas Bocardo, identificados como prestanombres del gobernador con licencia de Vera-Cruz, Javier Duarte de Ochoa, fueron reveladas por alcaldes panistas y perredistas que reclaman el pago de partidas federales.

En su indagatoria la PGR tiene consignado que para ello se habrían usado 223 millones de pesos. Y el lujo de las caballerizas y hasta albercas para caballos lo evidencia. Entre las remodelaciones que precisó Ortega se construyó una casa sobre una loma de mil metros cuadrados, caballerizas climatizadas, canchas, un Lienzo Charro y un cortijo.

Otra imagen al interior de la casa principal muestra cabezas de borregos cimarrón, como ejemplo de la caza cinegética a la que no muchos pueden acceder. Otra vista muestra lo que parece vegetación que en realidad son albercas para caballos.

La Historia entrelazada de Manuel Velasco y Javier Duarte.

Por José Adriano Anaya.

Por fin se inauguró el Congreso y Campeonato Nacional Charro. Y se hizo en medio de señalamientos y malestares de la población, debido sobre todo, a que el gobernador impuso sus caprichos y sus gustos personales sobre las necesidades sociales de los chiapanecos.

El camino que lleva recorrido Manuel Velasco Coello resulta similar al realizado por Javier Duarte, el ex-gobernador de Vera-Cruz, que hoy se encuentra perseguido por la justicia. Ambos son señalados por irregularidades en el manejo de los recursos públicos; ambos permitieron el enriquecimiento de sus colaboradores; ambos guardan silencio por el enriquecimiento de familiares cercanos; ambos le apostaron como plataforma de relanzamiento político al espectáculo estilo circo romano: uno con la realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y el otro, con la realización del Congreso y Campeonato Nacional Charro.

En Vera-Cruz, las denuncias de corrupción en contra del gobierno de Duarte se hicieron públicas cuando ese gobierno no pudo cumplir con el compromiso internacional de concluir la construcción de las villas olímpicas que albergarían a los deportistas participantes en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, deportistas que fueron hospedados en hoteles.

La prensa local inició con los señalamientos de responsabilidad de algunos funcionarios públicos, involucrados en las constructoras, pero el gobernador Duarte guardó un silencio cómplice ante las exigencias de transparentar los recursos invertidos y finalmente nadie fue castigado por esa irresponsabilidad, pero de allí surgieron después los señalamientos de la inseguridad y la violencia, ocasionada por las balaceras, lo secuestros y los ajustes de cuenta entre los grupos de la delincuencia organizada.

En Chiapas la historia es la misma, el gobierno se niega a transparentar el manejo de recursos empleados para la construcción del Lienzo Charro, al que ahora eufemísticamente le llaman Foro Chiapas. No se sabe cuanto costó. No se conoce que programas de obra fueron recortados para darle suficiencia presupuestal a esa construcción monumento del capricho. No existe un estudio que justifique la construcción de otro foro de espectáculos cuando en Tuxtla se tiene uno en el Polifórum.

Sin embargo, hay una diferencia sustantiva entre Javier Duarte y Manuel Velasco. En Vera-Cruz, las críticas iniciaron en el 2014 cuando no se pudo ocultar la corrupción en las obras de los Juegos Centroamericanos y en Chiapas Manuel Velasco trae un fuerte desgaste y desencuentros con la población, en donde la inauguración del Lienzo Charro aparece como la cereza del pastel, en la que sobresale el nepotismo, la inoperancia, impunidad y corrupción de su gobierno.

El desenlace de la historia de Javier Duarte prácticamente ya se conoce. Pero la historia de Manuel Velasco está por escribirse todavía. Con aspiraciones presidenciales, sus dificultades se pueden presentar a nivel de sobrevivencia. Debido a que desde este momento se puede prever las dificultades que van a tener su madre, sus primos, sus tíos y su abuelo, por los abusos excesos y enriquecimiento ilícito cometidos durante el gobierno.

¿Cómo va a justificar el gobierno de Velasco Coello el derroche presupuestal que hay en la entidad? ¿Con qué obras y resultados va a justificar el ejercicio presupuestal, que para el 2016 son más de 300 mil millones de pesos y la proyección financiera para el 2018 van a ser más de 450 mil millones de pesos? Este gobierno es indefendible política, económica y socialmente.

Rechaza AnimaNaturalis que se Establezca a la Charrería como Patrimonio Cultural.

Por Javier Isaac.

A pesar de que la charrería es considerada por una gran parte de la población como un espectáculo donde se denigra y maltrata a los animales, legisladores locales y federales han impulsado leyes para convertirlo en patrimonio cultural inmaterial de México.

Frente esta situación, organizaciones defensoras de los derechos de los animales, como AnimaNaturalis, han tenido acercamientos con los congresos locales y federal para exigir que el Estado no financie este “deporte” que fomenta una sociedad violenta.

Apenas ayer, el diputado Ricardo López Campos presentó en el Congreso de Coahuila una iniciativa para declarar la charrería en ese Estado como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Con esta propuesta, manifestó AnimaNaturalis, “el legislador Ricardo López deja en evidencia que legisla conforme a gustos personales o presionado por grupos minoritarios de empresarios que lucran con el sufrimiento y cautiverio de animales”.

A través de redes sociales, con el hashtag #NOaLaCharreria, personajes de la farándula como Marco Antonio Regil y Vanessa Bauché lanzaron mensajes dirigidos al diputado y a Rubén Moreira, gobernador del Estado, para evitar que se apruebe esa iniciativa.

La organización AnimaNaturalis pidió “escuchar la voz de la mayoría de la sociedad que pide tener un Estado libre de violencia y empático con todos los seres sintientes, y no aprobar como patrimonio cultural una actividad cruel con los animales”.

Por otra parte, en septiembre de 2013, la senadora Cristina Díaz Salazar, del PRI, presentó ante el pleno del Senado una iniciativa para establecer dentro de los fines que debe atender la educación que imparta el Estado a nivel nacional, el fomentar el reconocimiento y la práctica de la charrería como deporte nacional, símbolo de mexicanidad e identidad nacional.

Su propuesta busca crear escuelas de charrería que fomenten disciplinas ecuestres mexicanas. Además se crearía el Instituto Nacional para el Fomento y la Práctica de la Charrería que impulsaría y difundiría este espectáculo por todos los medios posibles, orientado en especial hacia la población infantil y juvenil. La propuesta de la senadora fue turnada a comisiones para su discusión, pero aún no se ha discutido.

Incongrencía Patriotera Mexicanista; Justifica PVEM apoyo a Charrería y Rechazo a Animales en Circos.

Fuente: NTR Zacateas.com

La fracción del Partido Verde Ecologista de México en la LXI (61) Legislatura, justificó su postura para respaldar que la charrería se convierta en Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado, pese a que en días anteriores presentaron una propuesta para eliminar la presencia de animales en circos.

Cuauhtémoc Calderón Galván, coordinador de los diputados locales, afirmó que de ninguna manera se contraponen, pues la iniciativa del Verde plantea medidas para aquellos animales que están en cautiverio, lo que no pasa con aquellos que participan en las charreadas.

“La iniciativa que presentamos la diputada Susana Rodríguez y yo, es sobre el sentido de los animales que están cautiverio durante prácticamente toda su vida, desde su nacimiento y hasta su muertes, obviamente tienen un trato infra-animal”, expuso.

“En el caso de la charrería, tanto caballos como becerros están en condiciones normales, en algún agostadero, pero no están en una jaula de su tamaño o poquito más grande”, afirmó.

El jueves pasado se propuso a la Legislatura local la posibilidad de que la charrería se contemple como patrimonio cultural inmaterial; y aunque fue propuesta por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), la suscribieron las demás fracciones legislativas.

Tras considerar que sería “muy arriesgado” decir si los animales sufren o no maltrato, indicó que en su experiencia personal ha visto que suertes, como el coleadero, no ha visto un sólo accidente donde la a la vaquilla se le fracture o desprenda la cola.

Cuestionado sobre la posibilidad de impulsar un estudio para ver si hay daños a los animales utilizados en las charreadas, expuso, “no creo que haya necesidad, más bien quienes salen lastimados son los charros. Actualmente la charrería incluye un catálogo de nueve suertes; la cala, los piales, el coleadero, el jineteo de toro, el de yegua, la terna en el ruedo, manganas a pie o a caballo y el paso de la muerte.

Incluso es considerada el deporte nacional por excelencia, y en Zacatecas –destacaron los impulsores de la iniciativa- se ha practicado desde hace siglos; y en la actualidad se practica en todos los rincones rurales del territorio, aunque sea con cuerdas de plástico.

Insistió en que mientras el apoyo a la charrería pretende buscar los mecanismos para impulsar este deporte y tradición zacatecana, pudiera vincularse con la otra iniciativa (la de los animales en circos), pero “más bien hay confusión”.

“La iniciativa que presentamos ya ha sido impulsada en prácticamente todos los congresos locales del país donde el Partido Verde tiene presencia”, manifestó.

De acuerdo con la iniciativa presentada el pasado 27 de marzo, y que actualmente se encuentra en discusión dentro de las comisiones legislativas, plantea multas de 100 a 500 salarios mínimos diarios a quien utilice animales en los espectáculos circenses; y pueden duplicarse, si los daños le provocan la muerte de la especie.

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La charrería está bien en el centro y occidente, en Vera-Cruz NO.

Traicionar a Vera-Cruz cuesta Caro; Muere Ignacio de la Llave por 500 Onzas de Oro.

Ignacio de la Llave Segura nació en Orizaba el 26 de agosto de 1818. Participó en la revolución de Ayutla de 1854 contra Don Antonio López de Santa Anna, en la Guerra de Reforma (1860-1863) (contra los Conservadores), y en la Segunda Intervención Francesa contra el Segundo Imperio de Maximiliano I.

Sus primeros estudios los realizó en su tierra natal y a los 12 años ingresó en el Colegio Nacional de Orizaba. Posteriormente se trasladó a la Ciudad de México para realizar estudios de jurisprudencia los cuales finalizó con mucho éxito en 1841 a los 23 años. De regreso a Orizaba fue designado Juez del lugar y comenzó a participar en la vida política del país poniendo de relieve sus inclinaciones liberales.

En 1844, secundó el pronunciamiento iniciado por Mariano Paredes Arrillaga contra la administración santannista e ingresó al ejército incorporándose como voluntario en la Guardia Nacional de Orizaba con el grado de Subteniente. En 1846 fue ascendido a Capitán por el Gobernador Juan Soto y en ese mismo año ocupó la Diputación local por su Distrito.

Combatió a los invasores norteamericanos organizando una fuerza con la que se trasladó al Puerto de Vera Cruz para contribuir en su defensa. Allí conoció y entabló relaciones con Manuel Gutiérrez Zamora, después de las batallas de Vera-Cruz y Cerro Gordo, acompañó al Gobernador Juan Soto en su retirada hacia Huatusco y Misantla.

Al finalizar la guerra de 1847, regresó de nuevo a Orizaba desempeñándose como Juez de Letras durante varios años. En 1852 sus partidarios lo presionaron para que actuara como Diputado federal en la Ciudad de México y simultáneamente fue ascendido al rango de Coronel de la Guardia Nacional.

Sus diferencias con Antonio López de Santa Anna le provocaron la orden de destierro a Yucatán, pero al estar siendo conducido hacia dicha localidad logró fugarse. A partir de entonces se hizo revolucionario refugiándose en las sierras de Atoyac y Chiquihuite para combatir a las fuerzas santannistas, situación en la que se hallaba cuando estalló la Revolución de Ayutla el 1° de marzo de 1854.

Ignacio de la Llave secundó el movimiento del Sur y fue reconocido por Juan N. Álvarez como Jefe del mismo en el Estado. Al terminar la lucha, el 30 de agosto de 1855 tomó posesión como Jefe Político restaurador de la Libertad del Departamento de Vera-Cruz y se mantuvo en dicho cargo hasta el 2 de noviembre del mismo año, en que fue sucedido por Juan Soto mientras él se dirigía a combatir la revuelta de Zacapoaxtla.

En 1856, Ignacio Comonfort lo designó Ministro de Gobernación; en junio de ese año, presentó su renuncia al cargo y posteriormente fue nombrado Magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Ignacio de la Llave se opuso al pronunciamiento de Vera-Cruz a favor del Plan de Tacubaya y fue elegido Jefe de las Fuerzas de Vera-Cruz. Más adelante se le nombró Jefe de la División de Oriente y actuó como Ministro de Guerra en el gabinete juarista refugiado en el Puerto de Vera Cruz durante la Guerra de Reforma de 1858 a 1860.

A la muerte del Gobernador Constitucional Manuel Gutiérrez Zamora el 21 de marzo de 1861, ocupó la gubernatura provisionalmente y en junio del mismo año después de celebradas nuevas elecciones, resultó electo Gobernador Constitucional del Estado, momentos en los cuales se iniciaba la intervención francesa.

En enero de 1862 expidió un decreto declarando el Estado de sitio en Vera-Cruz y después de quedar disueltos los tres poderes quedó al frente de la situación política de la entidad con el carácter de Comandante General.

Participó en el sitio de Puebla en el mes de abril de 1863 así como en la batalla del 5 de mayo, y en la Batalla del Cerro del Borrego; a la caída de la plaza poblana fue hecho prisionero y enviado junto con otros defensores a Orizaba. Allí, se fugó junto con los Generales González Ortega y Pattoni con quienes intentó dar alcance a Benito Juárez y a su gabinete en San Luis Potosí.

En el transcurso de esta marcha fue herido por los miembros de la escolta que los acompañaba, tras haberse percatado éstos de las 500 onzas de oro que transportaban. Fue trasladado a San Felipe, de ahí a San Bartolo y posteriormente a la hacienda del Jaral, en Guanajuato, lugar donde encontró la muerte el 23 de junio de 1863.

Fuente: Pasquel, Leonardo (1981). Ignacio de la Llave, Cuyo Nombre Lleva el Estado de Veracruz-Llave. Editorial Citlaltépetl. p. 54. Consultado el 18 de Enero de 2009.

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El Gobierno centralista liberal impuso por decreto del 10 de Julio de 1863 que Vera-Cruz fuera rebautizado “Veracruz-Llave”, a honra de Ignacio de la Llave (Veracruchango), traidor a Vera-Cruz y a Don Antonio López de Santa Anna, murió como vivió.

¿Qué Significa Chilango?

En la Ciudad de México se ha dicho que “chilangos” son aquellos que vienen “de provincia” a vivir a la CDMX, sin embargo, la historia cuenta algo muy diferente..

Fuente: Wikipedia.

El término chilango, en femenino chilanga, fue originalmente un apodo, que se ha convertido en sustantivo y es candidato a ser reconocido, por el uso, en adjetivo gentilicio. Es de uso coloquial, aunque ya está reconocido por el diccionario de la Real Academia Española en su edición 2009; así como de la Academia Mexicana de la Lengua, para describir a los habitantes naturales de la Ciudad de México. No obstante la definición académica, de acuerdo al uso popular y más extendido en el país, este concepto es el único que incluye a todos los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México, pues integra no solamente a aquéllos que habitan la Ciudad de México, sino también a los que habitan los municipios metropolitanos de los Estados de México e Hidalgo.

El concepto es controversial, debido principalmente a su marcado origen de connotación negativa, pero su uso se ha difundido tanto en las últimas décadas que la mayoría usa el apodo con humor o naturalidad.

Historia.

Darío Rubio lo registra en 1925 en su obra Estudios lexicográficos. La anarquía del lenguaje en la América Española. El término defeño es muy reciente y Juan Palomar de Miguel fue el primero en registrarlo en 1991 en su Diccionario de México. Parece corresponder al momento en el que la Ciudad de México cubría la extensión del Distrito Federal, aunque eleva unas siglas administrativas a la categoría de patria chica, teniendo poca aceptación en el habla común.

El primer lexicógrafo que la registra es Alfred Bruce Gaarder en 1954 en su obra “El Habla Popular y la Conciencia Colectiva”, en una lista de gentilicios, donde viene como “Chilango… México, DF”. Francisco J. Santamaría la define en 1959 en su diccionario de mexicanismos, como una “Variante de shilango, usada en Vera-Cruz”, afirmando que proviene “Del maya xilaan, pelo revuelto o encrespado” y que es “Apodo popular que en Vera-Cruz se da al habitante del interior, en especial al pelado de México. Juan M. Lope Blanch, en “El Léxico Indígena en el Español de México”, de 1969, acepta el origen maya de chilango y su carácter peyorativo, incluyéndolo en una lista de indigenismos que “forman parte del vocabulario vivo de la Ciudad de México”.

Nota: Así como los mexicas llamaban despectivamente a Totonacas, Mixe-Zoques y Mayas, estos pueblos les regresaban el insulto. En tiempos modernos la palabra peyorativa “naco”, inventada en la CDMX, viene de “totonaco”,  pueblo Veracruzano autóctono.

César Corzo Espinosa lo registra en Chiapas en 1978 como nahuatlismo, del término chil-lan-co (“en donde están los colorados”), conociéndose con este apodo a los habitantes de la Ciudad de México, aludiendo al color de su piel, enrojecida por el frío, que se aplicaba a los mexcas por los nahuas del Golfo de México”, justificando también que se llame “guachinangos” a los habitantes del Altiplano, en alusión del Lutjanus campechanus, pez rojo, especie de pargo colorado, como los cachetes de los arribeños”, como lo hizo José Miguel Macías, en Diccionario cubano.

Con la declaratoria de constitucionalidad de la Reforma Política hecha el 21 de Enero de 2016, en la cual se contempla el cambio de México, D.F por el de Ciudad de México, se propone el gentilicio de mexiqueño sugerido por el Diccionario de la Real Lengua Española RAE, en su edición de 2014.

Origen.

El ensayista mexicano Gabriel Zaid en su artículo “Chilango como Gentilicio” escribe que “chilango” es una variación que se realizó en el Estado de Vera-Cruz de la palabra chilango que proviene del maya xilaan que significa desgreñado. En el mismo artículo se hace referencia a César Corzo Espinosa quien propuso que la palabra “chilango” tiene un origen náhuatl en la palabra chilan-co que significa “donde están los colorados” y que hace alusión al color de piel de los habitantes de la Ciudad de México.

También se destaca su caudillo el Dr. Miguel Escalona, que abanderó el movimiento durante la guerra de los pasteles, provenientes de las regiones más pobres del Distrito Federal, el caudillo hizo llamar a su puñado de hombres armados el pelotón de los chilangos.

Se dice también que el término fue utilizado por primera vez en Vera-Cruz. En tiempos pasados, la mayoría de los delincuentes condenados eran enviados al Distrito Federal para concentrarlos y posteriormente enviarlos a la cárcel de San Juan de Ulúa en Vera Cruz. Al llegar al puerto, los presos eran atados de manos y formados en hilera en forma similar, decían ellos, a una chilanga, conocida en ese entonces, como un atado de chiles. De ahí que el chilango se asocie con aquellos “delincuentes” provenientes del Distrito Federal.

Parece ser que el término chilango era el referente a una laguna en la que confluían varios ríos; por analogía, la llegada de gente del exterior a la Ciudad de México se comparaba con la llegada de ríos a la laguna, o bien al gran lago donde se estableció Tenochtitlán.

Diversas versiones recopiladas del folklore popular, el gentilicio “Chilango” fue adjudicado a los visitantes capitalinos y del Edo. de México, por los lugareños de las playas del Edo. de Vera-Cruz.

El término fue adjudicado a los paseantes por la similitud de arribar multitudinariamente a las playas, en temporadas vacacionales como lo hacen los “Huachinangos” peces del golfo de color rojo, usándolo como arquetipo al color adquirido por los paseantes tras su exposición solar y degenerado de “Huachinango” a “Chilango” de boca en boca y de generación en generación.

En Yucatán se da un caso particular, ya que ahí se les llama “huaches” y existen varias hipótesis del porqué de ese nombre:

A mediados de la década de 1910, el ejército del Gral. Salvador Alvarado entró en la Ciudad de Mérida, Yucatán, y la mayoría de los militantes del contingente calzaban huaraches y de ahí derivó la palabra “huach” para referirse a dichos extraños.
Se deriva de la expresión “watch out!” que pronunciaban los lugareños yucatecos ante la desconfianza y temor que les infundían los integrantes del ejército alvaradista.

La realidad es que se trata de un atavismo usado para nombrar a los Huachichiles. El término originalmente significaba “cabeza colorada” pues estas personas se las pintaban de color rojo (Amador 1887). En Yucatán, su significado ha sufrido variaciones a través del tiempo, por ejemploː “ladrón” (Amador 1887), “sucio” (García 1930) o “fuereño” (Press 1975) al referirse de forma peyorativa a los habitantes del altiplano de México.

En la actualidad el término huach es usado en Yucatán con humor y naturalidad, de la misma forma en que se utiliza el gentilicio “Chilango”.

Discusión.

Se debe de aclarar que la definición del concepto chilango está llena de imprecisiones, puesto que no todos están de acuerdo en cuáles habitantes sí son chilangos y cuáles no. Las diversas conceptualizaciones de chilango muestran una variación marcadamente territorial, pues éstas difieren de acuerdo a las distintas entidades políticas que conforman la metrópoli. Entre habitantes de los municipios conurbados del Estado de México predomina la opinión de que los chilangos son exclusivamente los habitantes de la Ciudad de México, en tanto que ellos no lo serían, a pesar de que habitan una misma metrópoli.

Por otro lado, la percepción del concepto también es diversa. Así, en tanto una gran proporción de los habitantes de la Ciudad de México y su área metropolitana reniegan de que se les denomine de tal manera, y descalifican el concepto y su aplicación tanto por cuestiones morales como etimológicas, otra gran proporción lo reivindica como un motivo de orgullo y lo acepta y utiliza cotidianamente. Ello ha derivado en que se hayan propuesto diferentes palabras para describir lo mismo, tales como capitalino, defeño o mexiqueño​; incluso mexiquense; pero ninguno ha resultado ser adecuado, ni universalmente aceptado.

En realidad, no existe un gentilicio para describir a todos los habitantes de la Zona metropolitana del valle de México, sino gentilicios que describen a los habitantes de los distintos territorios de los que se conforma la metrópoli. El antiguo director de la Academia Mexicana de la Lengua, José G. Moreno de Alba, ha discutido que la ausencia de un gentilicio para la metrópoli se debe, principalmente, a que el nombre de la Ciudad de México es el mismo que el del país​, y de uno de sus Estados federativos. Esto favorece que la palabra chilango, utilizada como gentilicio, se preste como solución a un viejo conflicto: el de otorgar un gentilicio a todos los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México.

De acuerdo a Gabriel Zaid​, cuando se emplea la palabra capitalino, ésta refiere a la Ciudad de México, la capital del país, aunque con el inconveniente de que éste es un término genérico para todas las capitales de estados y países. La controversia ha llevado a propuestas tan variopintas como ciudadanos de la capital y city mexiquenses; pero, al final se espera que sea la costumbre la que imponga el concepto final. Debe de aclararse que capitalino o cualquiera otra propuesta, excluye al resto de los habitantes de la metrópoli, la cual no se conforma exclusivamente por la Ciudad de México, sino también por municipios de los Estados de México y de Hidalgo.

Por otro lado, defeño parece una palabra que corresponde al momento en el cual la Ciudad de México cubría aproximadamente la extensión del antiguo Distrito Federal, equivalentes territorialmente, y que tomaba prestadas las siglas del mismo―D.F.―, para emplearlas como el nombre del lugar. A pesar de que de manera coloquial los mexicanos comprenden universalmente que el Distrito Federal y el Deefe eran dos nombres para un mismo territorio, la vigencia de esta palabra ha finalizado, en tanto se derogó el Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos, y ha condenado el término al desuso. Además, si bien este concepto es comprendido, no así por los extranjeros, sin saber previamente el significado de las siglas. En añadidura, este concepto también reviste del inconveniente de incluir exclusivamente a las personas residentes del antiguo Distrito Federal, hoy Ciudad de México, y de excluir explícitamente a los demás habitantes del resto de la metrópoli.

Por último, la palabra mexiqueño, la cual es reciente, propuesta en 2001 por el Diccionario de la Lengua Española con la colaboración de la Academia Mexicana de la Lengua​. Es el más reciente de todos los conceptos, producto de un fenómeno social, sobre todo entre la población de mediano y alto nivel social, y es la denominación autopropuesta oficialmente como el gentilicio de la Ciudad de México, en enero de 2016. Nuevamente, este concepto está definido como natural de la Ciudad de México, capital de la República Mexicana; y también adolece de la misma desventaja fundamental de la mayoría de los términos propuestos como gentilicios, pues incluye exclusivamente a las personas residentes de la Ciudad de México, y excluye explícitamente a los demás habitantes del resto de la metrópoli.

Sin embargo, históricamente y en todo el país, el término ha descrito a las personas de la ciudad capital, indistintamente de que la Ciudad de México haya rebasado sus límites políticos para alcanzar los territorios adyacentes cuando ésta fue creciendo. Ello da como resultado que, por extensión, el gentilicio abarque a todos los habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México, la cual incluye a las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México―antes conocido como Distrito Federal (Mexico)―; a los municipios metropolitanos que rodean a la Ciudad de México por el oeste, el norte y el este, ya sean conurbados o no, los cuales pertenecen al Estado de México; y por último, posiblemente también, a Tizayuca (municipio), el único municipio metropolitano del Estado de Hidalgo. Este gentilicio también puede ser utilizado como sustantivo, para denominar a alguien originario de la Ciudad de México y su área metropolitana, o a alguna cosa procedente de ésta. Se debe de mencionar que, en ocasiones, el término también hace referencia a los habitantes del centro del país, indistintamente de que vivan, o no, en la metrópoli de la Ciudad de México; no obstante, el contexto en el cual se emplea, ayuda a diferenciar esta ambigüedad.

Aspecto Social.

Muchas veces, los principales estereotipos de este sector de la población del país, son los comerciantes y vendedores, conocidos por su mala fama de oportunistas y calculadores, ocurriendo así que algunos de los demás pobladores de la República generalicen así a todos los de este origen.

Debido principalmente al desmedido crecimiento de la Ciudad de México en las últimas tres décadas del siglo XX, las diferencias entre la capital y el resto del país se acrecentaron hasta dar nuevo ímpetu a ciertos rencores históricos -algunas veces válidos, y otras infundados-. En la actualidad, la visión que ambos grupos tienen el uno del otro en masa, puede resumirse en que para los habitantes de las otras partes de República Mexicana, el chilango es agresivo, mal educado, irrespetuoso, deshonesto y manipulador, de hecho, es recordable y aún usada la frase “Haz patria, mata a un chilango”.

Emilio Azcarraga

Azcarraga, ejemplo de un chilango, vídeo Aquí.

Para la Organización Insurgente de Patriotas Hispano-Veracruzanos, el término “chilango” se refiere a los malos habitantes de las tierras que comprendían la antigua Intendencia de Méjico, personas irrespetuosas, criminales comunes o de cuello largo, no a la gente buena, fácil los pueblos de la antigua Intendencia de Méjico podrían llamarse mejicanos en general más el gentilicio de su región directa, (cd-mejiquense, edo-mejiquense, hidalguense, guerrerense, queretense, morelense) empero, a falta de verdad histórica anti-centralista.